El suelo: analisis practico

Es imprescindible conocer, aunque sea brevemente, los medios que se emplean para valorar la idoneidad de un suelo para el cultivo, con el fin de poder intervenir corrigiendo posibles defectos o mejorándolo.

Con un simple examen visual es posible valorar rápidamente y con suficiente precisión la calidad y estructura de un suelo gracias a la estrecha interdependencia entre características físicas y químicas, que son las referentes a la textura y composición respectivamente.

Esta observación deberá ir acompañada además del análisis del pH, que es el grado de alcalinidad o de acidez. Para ello seguiremos estos pasos:

  1. en varios puntos del terreno se toman muestras de tierra a una profundidad no superior a los 30 cm;
  2. se mezclan las muestras;
  3. se pasa la tierra por un tamiz con malla de medio centímetro y con esta tierra se llena un cilindro transparente, alto y estrecho, hasta las 2/3 partes;
  4. se vierte agua y se agita;
  5. se observan los distintos estratos depositados, de abajo a arriba:
    • arena gruesa;
    • arena mediana;
    • arena fina;
    • materia orgánica descompuesta (humus);
    • materiales arcillosos, ordenados según el grosor de las partículas, con el limo, impalpable, en la superficie;
    • eventualmente, materiales orgánicos sin descomponer, que queden flotando.

Según la entidad de cada uno de los estratos, se puede clasificar el tipo de suelo. Veamos las características más comunes:

  • Suelos ligeros: compuestos básicamente por material de tipo arenoso, más o menos grueso; son de color grisáceo, tienen poca cohesión y son excesivamente permeables; por lo tanto, el agua y con ella las sustancias nutritivas se dispersa excesivamente.
  • Suelos compactos: están constituidos principalmente por materiales de tipo arcilloso, de grano fino o muy fino (limo); son de color rojizo (arcilla ferrosa) o amarillento (arcilla calcárea); son muy pesados, defecto que se acentúa cuando predominan las partículas finas; tienden a encharcarse con el agua, y la aireación se hace problemática; con las lluvias, el limo sale a la superficie y forma una costra impermeable que, al secarse, se agrieta y favorece las pérdidas hídricas del suelo por evaporación.
  • Suelos húmicos: tienen una estructura más o menos blanda, grumosa, y son de color oscuro; cuando falta el soporte mineral alcalino (caliza fina) se vuelven compactos y ácidos; esto comporta problemas de gran importancia en el cultivo natural, que más adelante abordaremos detalladamente.
  • Suelos de consistencia media: presentan una relación equilibrada de los distintos componentes, y son cultivables con las técnicas agrónomas normales.

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